sábado, 14 de febrero de 2009

Historia de los Vampiros

EL ORIGEN FUE PERSIA


Desde el principio de los tiempos, las leyendas de vampiros se extendieron por la faz de la tierra... Pero su señal distintiva no es comparable a la de otros monstruos extraordinarios. Desde la Grecia Clásica hasta nuestros días se conoce la leyenda nacida en la antigua Persia: el registro más antiguo que documenta la existencia de los vampiros es un vaso con el dibujo de un hombre luchando contra una extraña criatura que intenta succionar su sangre.

Más tarde, los mitos babilónicos incorporaron una extraña deidad que se alimentaba bebiendo la sangre de los niños: su nombre es Lilitu o "Lilith".


De acuerdo con los textos hebreos, Lilith fue la primera mujer de Adán, a diferencia de lo manifestado en el Antiguo Testamento bíblico. Debido a su torpeza sexual, abandonó a su marido y se transformó en la Reina de los Demonios y de los espíritus malvados.

En China, durante el siglo VI A.C. se encontraron resonancias de la tradición cultural persa y hebrea. Los mismos antecedentes fueron hallados por antropólogos en India, Malasia, Polinesia, las tierras aztecas de México y la zona de Eskimos.

¿DIOSES O VAMPIROS?


De acuerdo con la mitología azteca, la ofrenda de sangre de jóvenes víctimas a los dioses garantizaba la fertilidad de la Tierra. Pero, aunque éste sea otro antecedente, las clásicas historias de vampiros se originaron en el seno de la civilización europea... Los antiguos griegos comenzaron su gesta.

Existen numerosos dioses bebedores de sangre en la mitología griega y romana, conocidos como Lamiae, Empusae y Striges. Sus nombres fueron históricamente vinculados con el de brujas, demonios y vampiros. Pero estos vampiros, aunque bebían sangre humana, eran sólo deidades y no “muertos vivos”. Se trataba de divinidades capaces de adquirir apariencia humana para poder seducir a sus víctimas.

Con el paso del tiempo y el aumento de popularidad del Cristianismo, el valor simbólico de la sangre se incrementó. La comunión del Espíritu Santo, que incluye beber el vino –símbolo de la sangre de Cristo– y comer el pan –alegoría de su cuerpo– hizo cobrar incomparable relevancia a este fluido vital. Además, durante el siglo XI las brujas y los médicos prescribían sangre de vírgenes para curar enfermedades.
Varias menciones a la presencia de vampiros pueden encontrarse en libros como El diccionario diabólico, escrito por el obispo de Cahors, en El Nugis Curialium, de Walter Map, y en la Historia Rerum Anglicarum, de William de Newburgh.


VAMPIRISMO DURANTE EL RENACIMIENTO


El fenómeno del vampirismo continuó en boga durante el Renacimiento, aunque de manera esporádica. Y se reactivó notablemente a partir del siglo XIV durante las pestes que asolaron las regiones centrales de Europa, como Prusia, Silesia y Bohemia.

Incluso llegó a interpretarse que la peste bubónica era causada por los vampiros, y el pánico de la infección condujo a gente a la enterrar a sus cadáveres sin siquiera verificar que fueran verdaderamente difuntos...

Fue por entonces que comenzó a pensarse que los vampiros se levantaban de sus sepulcros: eran personas vivas que, al salir de sus tumbas, eran interceptadas por vampiros que le infligían heridas y los transformaban en uno más del grupo.
A mediados del siglo XV, el vampirismo volvió a tomar la delantera en temas supersticiosos gracias a la publicación de un ensayo de Frenchman Gilles de Rais. Más tarde, un miembro del batallón de Juana de Arco se fugó hacia las tierras del sudoeste de Francia para buscar el secreto de la “piedra filosofal” en la sangre. Guiado por esta búsqueda, asesinó entre 200 y 300 niños, torturándolos de forma siniestra, para utilizar su sangre durante los experimentos.

LA APARICIÓN DEL MÍTICO DRÁCULA


Más tarde, durante el siglo XIX, Joris-Karl Huysmans se autocalificó como un vampiro auténtico en su novela La-Bas. También en esta época otra figura histórica llegó a ser asociada con el vampirismo: su nombre era Vlad Tepes Dracula, príncipe de Wallachia, un reino antiguo que ahora es parte de Rumania. Cabe mencionar que el apellido “Drácula” significa “dragón”…



Cuatro siglos más adelante, Bram Stoker escribiría la célebre novela Drácula, que durante siglos nos otorgaría el estereotipo del vampiro clásico.

Aunque nunca desapareció totalmente, el auge del vampirismo disminuyó entre los siglos XV y XVII. Sin embargo, hacia 1611, la supersticiosa tierra de Hungría vio nacer las macabras ocurrencias de la condesa Erzsebet Bathory (Elizabeth Bathory, más conocida como la "Condesa Sangrienta").
Esta aristócrata húngara fue acusada de secuestrar y torturar a numerosas jóvenes muchachas hasta su muerte con el objetivo de bañarse y de beber su sangre. Creía que, de esta manera, preservaría su juventud y su belleza.

Supersticiones en Torno a los Vampiros


Elizabeth Bathory –conocida como La Condesa Sangrienta– era la esposa de un conde que siempre estaba ausente debido a su intervención en sucesivas guerras. Como la condesa se aburría de esta forma de vida, y de la eterna espera, comenzó a estudiar Magia Negra. Este aprendizaje la condujo a siniestros experimentos.


Cuando el primo de la condesa registró la ausencia de un número considerable de mujeres, sospechó de las extrañas conductas de Elizabeth y envió un escuadrón de soldados para capturarla.

Probada su culpabilidad, Elizabeth ahorró la ejecución por tener sangre real, pero fue condenada a vivir el resto de su vida encerrada en una torre, con las puertas y ventanas cerradas. Sus cómplices fueron todos ejecutados.

La historia de Bathory nutrió numerosas leyendas sobre el vampirismo e inspiró a varios escritores. El elevado nivel de sadismo de la condesa, sumado a la pobreza y al analfabetismo de la población de aquellos tiempos, contribuyeron a la proliferación de las supersticiones acerca de los vampiros y del hombre lobo en Europa Oriental y Meridional.


La creencia en los "Vrykolakas" (nombre eslavo asignado a los “hombres lobo”) y la superstición de los vampiros son dos mitos entroncados e indisociables.

La palabra “vampiro” se acuñó recién hacia el año 1726, luego de una tremenda plaga de murciélagos. Primero fue creada en alemán, Vanpir, tal como revela un informe acerca de un caso de “vampirismo”. Este vocablo derivó luego en el francés “vampyre”, hacia 1732. Finalmente nació la palabra inglesa “vampire”.

Los intelectuales y racionalistastas del siglo XVIII –también llamado el Siglo de las Luces– se esmeraron por destruir supercherías y creencias infundadas. Los eruditos, los doctores, los filósofos y los miembros de la Iglesia cuestionaron la existencia de “cómplices” del Diablo.

Un monje benedictino francés conocido como Calmet publicó una obra donde cuestionó la verdad de los vampiros. Pero tanta atención brindada a estos seres fabulosos sólo promovió el fanatismo exacerbado: muchas personas de los países europeos subdesarrollados comenzaron a usar las cejas juntas –para imitar el rostro de los vampiros– y también dejaron cabello en el dorso de sus palmas.

Para atrapar vampiros se utilizaban vírgenes montadas sobre caballos pura sangre (totalmente blancos o absolutamente negros) para hacer de señuelos. También se creía que el caballo comenzaría a relinchar y a alzarse cuando estuviera de pie sobre la tumba de un vampiro.
Otras supercherías indican que la cruza de un vampiro con un mortal podía engendrar nuevos vampiros. La gente comenzó, entonces, a tomar precauciones especiales, tales como colocar un clavo de hierro en la frente de un cadáver, untar su cuerpo con grasa de cerdo o colocar una cabeza de ajo dentro de su boca.

Vampiros Literarios


Las irracionales supercherías fueron disminuyendo a medida que la Revolución Industrial modificaba la forma de vida europea. La realidad tenía otros planes...

Hacia fines del siglo XVIII, el Romanticismo intentó recuperar la emoción y la nostalgia perdidas durante la Ilustración y la Revolución Industrial nacida en tierras inglesas. Pero el período romántico impulsó el renacimiento de la novela gótica. Johann von Göethe escribió la novela La novia de Corintio (Die Braut von Corinth precedida por la obra Leonore, de Gottfried August Buerger.

Estas historias, así como varios poemas de vampiros escritos durante el siglo XIX por Keats, Coleridge y Baudelaire, incluyeron un elemento de seducción puramente “vampiresco”: el placer otorgado por la muerte.

Luego sobrevino la publicación del famoso texto de El Vampiro, de John William Polidori (aunque, a decir verdad, la historia original la reelaboró de un predecesor, Lord Byron). También tuvo gran prestigio Carmilla, de Sheridan LeFanu. Por otra parte, Varney el vampiro, escrito en 1847 por Prest y Rymer, se convirtió en la novela más extensa escrita sobre estos seres fabulosos.

La fantasía y el horror fueron elementos muy demandados en la prosa y la poesía de mitad del siglo XIX. Pero, luego de un largo tiempo de auge, disminuyó la calidad de las ficciones como consecuencia de los clichés y repeticiones del género gótico.

IMPULSO VICTORIANO


Sin embargo, la temática “vampiresca” reapareció durante la época victoriana. Suena paradójico que, en una época de tanta represión y censura social, las leyendas sobre vampiros hayan alcanzado el pico máximo de popularidad.

Para muchos fue considerada una vía de escape a través de la lectura de novelas, poesía y prosa. La hipocresía de la sociedad era tan exagerada que escribir historias horrorosas estaba totalmente permitido, incluso cuando la moralidad se propugnaba en sermones eclesiásticos y protocolos reales.

Fue el tiempo en que Bram Stocker escribió la legendaria Drácula. Aunque el autor nunca había estado en Transilvania (Rumania), y la novela presenta imprecisiones derivadas del desconocimiento histórico y cultural del contexto novelesco, la obra fue un éxito inmediato, de proyección internacional.


EL CINE, A LA CABEZA


Durante el siglo XX, el inicio de la cinematografía marcó para siempre nuestra percepción de la imagen de los vampiros, gracias a la producción de filmes maravillosos transmitidos a través de la pantalla grande.
La primera película sobre vampiros fue filmada en el año 1922: se llamó Nosferatu, Eine Symphonie des Gauens (Nosferatu, una sinfonía de horrores). Esta película alemana, dirigida por F.W. Murnau, tuvo como protagonista a Max Schreck.


AUGE DEL ROMANTICISMO


Las irracionales supercherías fueron disminuyendo a medida que la Revolución Industrial modificaba la forma de vida europea. La realidad tenía otros planes...

Hacia fines del siglo XVIII, el Romanticismo intentó recuperar la emoción y la nostalgia perdidas durante la Ilustración y la Revolución Industrial nacida en tierras inglesas. Pero el período romántico impulsó el renacimiento de la novela gótica. Johann von Göethe escribió la novela La novia de Corintio (Die Braut von Corinth precedida por la obra Leonore, de Gottfried August Buerger.

Estas historias, así como varios poemas de vampiros escritos durante el siglo XIX por Keats, Coleridge y Baudelaire, incluyeron un elemento de seducción puramente “vampiresco”: el placer otorgado por la muerte.

Luego sobrevino la publicación del famoso texto de El Vampiro, de John William Polidori (aunque, a decir verdad, la historia original la reelaboró de un predecesor, Lord Byron). También tuvo gran prestigio Carmilla, de Sheridan LeFanu. Por otra parte, Varney el vampiro, escrito en 1847 por Prest y Rymer, se convirtió en la novela más extensa escrita sobre estos seres fabulosos.

La fantasía y el horror fueron elementos muy demandados en la prosa y la poesía de mitad del siglo XIX. Pero, luego de un largo tiempo de auge, disminuyó la calidad de las ficciones como consecuencia de los clichés y repeticiones del género gótico.

LOS VAMPIROS MODERNOS



En 1992, Francis Ford Coppola produjo una magistral reelaboración del Drácula clásico, protagonizada por Gary Oldman. Otra versión fabulosa fue la del año 1994, Entrevista con el vampiro, basada en la novela homónima de Anne Rice. Esta película provocó un resurgimiento instantáneo del interés por la temática de corte gótico.


Cabe mencionar que la novelista Anne Rice revolucionó –a lo largo de sus cinco famosas novelas temáticas– la imagen estereotipada del vampiro malvado o “anti-héroe”.

Rice retrató la psicología y la personalidad de Lestat como la de un ser humano viviendo una existencia trágica, derivada de la combinación de su naturaleza salvaje con la necesidad de afecto.

Además de Anne Rice, muchos otros escritores de las décadas de ´80 y ´90 se dedicaron a prosificar sobre el mismo tema. Entre ellos, podemos mencionar a Poppy Z. Brite, P.N. Elrod, y Tanith Lee.

TAMBIÉN LA MÚSICA


El mundo de la música también publicitó la imagen del vampiro, especialmente a partir de los ´80.
Bandas como Concrete Blonde, The Cure, Type 0 Negative y muchos otros escribieron letras sobre vampiros, el mundo gótico y atribuyeron “sonidos dark” u oscuros a sus melodías, como marca de estilo.

Vampiros en la Televisión


De la pantalla grande, los vampiros hicieron su aparición en la pantalla chica... Primero inauguraron el terreno del sadismo gótico a través de la serie televisiva de gran repercusión llamada Dark Shadows (Sombras de la Oscuridad).

Más tarde apareció la ópera seriada Kolchak: the night Stalker (Kolchak: la amenaza nocturna). Y de ahí pasamos a versiones más recientes como Buffy, de Vampire Slayer (Buffy, el asesino de vampiros), Forever knight (Eterno caballero) y Kindred: the embraced (Lazos de familia: adoptados).

Una de las últimas series está basada en un juego de roles llamado “Vampiro: la mascarada”, que surgió en el año 1992 y desde entonces ha obtenido más y más popularidad.


Vampiros Balcánicos


En Rusia, Rumania y los estados balcánicos existe la vaga creencia de que el alma no puede salir del cuerpo ni ingresar al Paraíso hasta cuarenta días después de su muerte.

Se supone que puede incluso atrasarse por años, con la consecuente descomposición de la misma.

En Rumania, los cuerpos desenterrados en un intervalo de tres años después del fallecimiento (en el caso del cadáver de un niño), en un lapso de cuatro o cinco años (en el caso de la gente joven) y de siete años (en el caso de la gente mayor), se supone que si la descomposición no se realizó completamente entonces ese cadáver es un vampiro.

Si la descomposición del cuerpo fue total y los huesos quedaron blancos, se cree que el alma ha alcanzado el reposo eterno. Entonces el esqueleto se lava con agua y vino, y se envuelve en sábanas de lino limpio. Luego se practica un servicio religioso y se lo vuelve a enterrar.

En Bukovina y los parajes circundantes se realizó una auténtica “orgía de entierros masivos” y de re-sepulturas entre los años 1919 y 1920, porque mucha gente moría durante las epidemias y las guerras, y temían la proliferación de vampiros.

En la actualidad ya no se cree que los espíritus puedan reanimar a su cuerpo ni que se transformen en vampiros, pero hace poco más de un siglo estas supersticiones estaban muy arraigadas en el pensamiento popular.


Nombres y Leyes en Torno a los Vampiros Rumanos


En lo que concierne a los nombres atribuidos en Rumania a los vampiros, el strigoi es el término más común, y moroii se utiliza menos a menudo.

También se emplean vocablos como vârcolaci y pricolici, que aluden a los vampiros nacidos de cadáveres revividos y, también, a animales nocturnos que buscan alimento cuando sale la luna.

En Bukovina, vidme es el nombre utilizado para invocar a las brujas, y diavoloace para llamar a los seres con dos cuernos.

Los Espíritus de la Naturaleza se llaman ielele y dansele. Ayudan a cumplir las labores de vampiros y magos, que son seres de origen humano.
En los países de los Balcanes, el vampiro es visto como un ser de transición entre los humanos y el diablo: mezcla de cadáver reanimado y espíritu maligno. Es tan difícil imaginar a un alma sin forma como a un demonio sin corporeidad, por eso a estos últimos se los suele identificar con un cuervo o con un gato negro. Y a veces se los representa con aspecto cuasi-humano.

En Transilvania se cree que mucha gente puede canalizar su alma en una mariposa, mientras en Valcea las almas de los vampiros se consideran encarnadas en las polillas. Por eso, se suelen cazar estos insectos para atravesarlos con un perno de metal y colgarlos en la pared. De esta manera, los rumanos previenen que su vuelo vaya más lejos.

Un animalito pequeño, agraciado, que se agita en el aire como una mariposa o una polilla está tan cerca de la vida cotidiana de los campesinos que les permite imaginar la naturaleza de un espíritu puro.

LA MODIFICACIÓN DE NORMAS


La creencia en los vampiros provocó la modificación de algunas leyes rumanas. Por ejemplo, el 12 de julio de 1801, el obispo de Siges envió una petición al regente de Wallachia y Modavia para solicitar la prohibición de que los campesinos de Stroesti siguieran excavando la tierra en busca de cadáveres cuando el terreno ya hubiera sido removido dos veces, por temor a la presencia de vârcolaci.

Por otra parte, el arzobispo Nectarie, en 1813, envió una circular al clero jerárquico donde les rogaba que investigaran en qué distritos se creía que los muertos se transformaban en vampiros.
El arzobispo les garantizaba que, estando frente a un caso certero de vampirismo, no iba a quemarse el cadáver pero se le enseñaría a la gente cómo proceder ante una aparición, de acuerdo con los preceptos religiosos.

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